Thursday, March 14, 2013

Donde sueños se hacen reales


“The industry of the Absolute Fake gives a semblance of truth to the myth of immortality through the play of imitations and copies, and it achieves the presence of the divine in the presence of the natural.” (Umberto Eco, “City of Robots”, Travels in Hyperreality, pg. 56)

El fracaso de Eco en su descripción de Disneyland y las otras ciudades de robots es pensar que Disneyland trata de ser más de lo que es. Al entender que Disneyland existe por un propósito muy específico (además de hacernos gastar nuestro dinero), vemos que la utilidad de estas ciudades de robots no es hacer las copias de realidad mejores que la realidad sino crear un ambiente que nos provee chances de experimentar fuera del posible, o sea, expandir nuestra realidad.

Yo vengo de una familia muy humilde (no soy uno de los “one percenters”), y no hay posibilidad ninguna que vaya yo a la África. Tampoco voy a cruzar el río Misisipi, o pasar por las montañas Alpes. La mejor manera de conocer el mundo venia de libros. Hasta que llegue a Disneyland cuando tenía 10 años. Ahí pude tocar un castillo, ver animales africanos exóticos, y montar trineos que cruzaban los Alpes. Aunque las atracciones eran copies de realidad, las emociones eran reales y las memorias que creí con mi familia me han quedado.

El cerebro humano es algo muy complicado. Las químicas y señalitas eléctricas que controla el cerebro tienen un orden. El cerebro envía químicas y señalitas eléctricas cuando se estimula, sean esos estímulos reales o artificiales. En este sentido, el efecto de ser asustado por un hipopótamo real contra un hipopótamo artificial es lo mismo: los dos estimulan el cerebro, pero los hipopótamos artificiales son más accesibles. Y encontramos la necesidad de ciudades de robots, como Disneyland: crea ambientes suficientemente reales para proveer acceso a estímulos fuera del alcance que las personas comunes.



Eco tiene puntos buenos de como lugares como Disneyland son más negocios que “donde los sueños se hacen realidad”, pero yo no tengo los fondos para cruzar el río Misisipi de Disneyland y el río Misisipi de Misisipi en el mismo día solo para notar la diferencia entre los dos. Es suficiente para mí conocer lo máximo del mundo, sea real o copia.

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