“…mi
única patria, la mar.” (Canción del
pirata, José de Espronceda)
Existe
una profunda conexión entre nosotros y el mar. Claro, quienes no viven cera del
mar no sienten una conexión personal, pero aun así, muchos de ellos piensan en él
y sus misterios (o por lo menos, su riqueza y calor.) Pero ¿Por qué sería que el
mar se nos hace tan conocido, especial, e importante?
Los
piratas quizás lo ven como la sustancia que los provee la vida de pirata; no es
un pirata si no tiene un barco y no hace cosas “piratosas,” o sea, no existe un
pirata sin el mar. Yo también veo el mar como la sustancia que me provee la
vida, pero menos como pirata y más como hawaiano.
La
cultura hawaiana (y yo soy hawaiano nativo) se enfoca en las cosas naturales
más cercanas: las montañas, los volcanes, el sol, y el mar. De hecho, la
leyenda, Kumulipo, que explica de dónde
venimos dice que antes que nada era la mar en la noche, y los dos seres humanos
primeros vinieron de él. En estas épocas, el mar todavía tiene un gran papel en
la vida de los hawaianos.
Mi papá con su cosecha
Mi abuelita limpiando wana (erizo de mar)
En mi
familia somos pescadores, y hemos sido pescadores desde el principio del mundo.
Cuando era niño, comimos pescado casi cada otra noche. Actualmente, me encanta comer pescado y otros
tipos de marisco. Por esta razón, siento una conexión con el mar.
Pero hay
más que el placer de comer lo que vive en el mar. El mar representa algo enorme
pero familiar; peligroso pero tranquilo; estresante pero divertido. Más allá del
horizonte existen posibilidades de aventuras sin fin. Y ésa posibilidad trae
una esperanza sin par. No importa de dónde venimos, en que estudiamos, o que
hacemos, el mar nos sostiene la vida.
Entonces
quizás a dentro de cada uno de nosotros duerme un pirata. No lo niegues; ¡despiértate
a zarpar!


No comments:
Post a Comment