Thursday, January 24, 2013

Cuidado sirenas...ya llegó el tiburón


“…mi única patria, la mar.” (Canción del pirata, José de Espronceda)

Existe una profunda conexión entre nosotros y el mar. Claro, quienes no viven cera del mar no sienten una conexión personal, pero aun así, muchos de ellos piensan en él y sus misterios (o por lo menos, su riqueza y calor.) Pero ¿Por qué sería que el mar se nos hace tan conocido, especial, e importante?

Los piratas quizás lo ven como la sustancia que los provee la vida de pirata; no es un pirata si no tiene un barco y no hace cosas “piratosas,” o sea, no existe un pirata sin el mar. Yo también veo el mar como la sustancia que me provee la vida, pero menos como pirata y más como hawaiano.

La cultura hawaiana (y yo soy hawaiano nativo) se enfoca en las cosas naturales más cercanas: las montañas, los volcanes, el sol, y el mar. De hecho, la leyenda, Kumulipo, que explica de dónde venimos dice que antes que nada era la mar en la noche, y los dos seres humanos primeros vinieron de él. En estas épocas, el mar todavía tiene un gran papel en la vida de los hawaianos.

Mi papá con su cosecha

Mi abuelita limpiando wana (erizo de mar)


En mi familia somos pescadores, y hemos sido pescadores desde el principio del mundo. Cuando era niño, comimos pescado casi cada otra noche.  Actualmente, me encanta comer pescado y otros tipos de marisco. Por esta razón, siento una conexión con el mar.

Pero hay más que el placer de comer lo que vive en el mar. El mar representa algo enorme pero familiar; peligroso pero tranquilo; estresante pero divertido. Más allá del horizonte existen posibilidades de aventuras sin fin. Y ésa posibilidad trae una esperanza sin par. No importa de dónde venimos, en que estudiamos, o que hacemos, el mar nos sostiene la vida.

Entonces quizás a dentro de cada uno de nosotros duerme un pirata. No lo niegues; ¡despiértate a zarpar!

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